Patatas a lo pobre: la receta que no falla en casa
Cuatro ingredientes, una sartén y paciencia. No tienen más misterio, pero se pueden estropear de tres maneras y conviene saber cuáles.
Lo que necesitas
- Un kilo de patata. Que sea de las que aguantan, tipo monalisa o agria.
- Dos cebollas grandes.
- Uno o dos pimientos verdes italianos.
- Aceite de oliva virgen extra, y sin mirar mucho la cantidad.
- Sal.
Nada más. Ni ajo, ni pimentón, ni vino. Se les pueden poner, y salen ricas, pero entonces ya son otra cosa.
Cómo se hacen
La patata, en rodajas de tres o cuatro milímetros. Más gruesas tardan demasiado y se quedan crudas por dentro; más finas se rompen y acaban hechas puré. La cebolla en juliana ancha y el pimiento en tiras.
Aceite generoso en la sartén, a fuego medio bajo. Primero la patata sola, unos diez minutos, moviéndola de vez en cuando. Después la cebolla y el pimiento por encima, y se deja otros veinte minutos.
Se remueve con una espátula y por debajo, levantando, no dando vueltas con una cuchara. La rodaja se rompe con nada. Y la sal, al final: si la echas al principio, la patata suelta agua y se cuece en vez de confitarse.
Los tres fallos de siempre
- Fuego fuerte. Estas patatas no se fríen, se confitan. Si el aceite chisporrotea, está demasiado caliente: se tuestan por fuera y siguen duras por dentro.
- Rodajas gruesas. Es el fallo más común. Con medio centímetro ya no hay tiempo de cocción que las salve.
- Sartén llena. Si van apiladas, las de abajo se cuecen al vapor y las de arriba no se hacen. Mejor en dos tandas que en una mal.
El truco de la casa
Los primeros diez minutos, tapadas. Se hacen con su propio vapor y por dentro quedan mucho más tiernas. Luego se destapa y se dejan coger color.
Y al apagar el fuego, un chorrito muy pequeño de vinagre de vino. No se nota a vinagre: lo que hace es levantar el sabor del pimiento y de la cebolla.